Escuchar, Vencer, y Perdonar

Escuchar, Vencer, y Perdonar 

La clave de la victoria en la vida de David

TEXTO:  2 Samuel 23:1-6

INTRODUCCIÓN

David fue un simple pastor de ovejas, que llegó a ser el rey de Israel; por lo que se escribió de él, podemos deducir que era feliz, que disfrutaba de su oficio, que era muy valiente, y temeroso de Dios. David, había nacido para ser rey, y tenía que reinar sobre Israel, y reinó sobre Israel, y se escribió de él como el dulce cantor, el ungido de Dios, él que fue levantado en alto.

De la misma manera, tú naciste con un propósito en tu vida, para la gloria de Dios. Hay algo más que debes alcanzar. Tienes un llamado, tienes un propósito, tienes un ministerio.

DESARROLLO

Hay tres cosas que debes hacer, para alcanzar el propósito de tu vida, para vivir el plan de Dios para tu vida, y para desarrollar tu ministerio. David lo hizo, y nosotros, podemos aprender de él. Veámoslo:

I. ESCUCHAR. David escuchó a Samuel, y al profeta Natán.

El profeta Samuel le dijo: Tú serás rey sobre Israel, y lo ungió (1 Samuel 16:11-13). Le dijo, además, Dios: Yo pondré a tus enemigos debajo de tus pies. 1 Samuel 24:4 Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl.

Escuchar a Samuel y  al profeta Natán, para nosotros es escuchar la sabiduría. Escuchar la palabra de Dios, es prestar atención a la palabra de Dios, a lo que Dios dice de ti. Y no escuchar lo que dice el diablo, lo que dicen las personas de ti, lo que dice de ti el gobierno, no. Escucha: Entre otras cosas, Dios dice: Eres mi hijo amado. Eres próspero. Estás sano. Eres libre. Estás perdonado. Eres más que un vencedor. Árbol de justicia. Plantío de Jehová. Eres cabeza y no cola. Tienes autoridad. Eres llamado a ser rey y sacerdote para Jehová nuestro Dios. ¿Te sientes condenado? Debes saber, que ninguna condenación hay para los que están en Cristo.

David escuchó al profeta Natán, cuando fue amonestado por Dios, por haber pecado contra Dios, al llegarse a una mujer casada, y mandar a matar a su marido. (2 Samuel 12:5-8; 13). David escuchó las palabras del profeta Natán, y se arrepintió. Siendo rey, no fue soberbio; no dijo:Yo soy rey, ¿quién eres tú para amonestarme? No. Solo escuchó, y se arrepintió. Escuchar es una de las virtudes más bellas de nuestra existencia, por ella aprendemos y crecemos en sabiduría…

II. VENCER. David venció a Goliat. 

1 Samuel 17:45-50. David peleó la buena batalla y venció a Goliat, a un gigante. No se acobardó, sino que se enfrentó al gigante en Nombre de Dios y lo venció, le cortó su cabeza, no lo dejó agonizando.

Todos tenemos gigantes en nuestras vidas, que nos quieren vencer, nos quieren esclavizar. Ese gigante es el pecado, la lujuria, los placeres de este mundo, la fornicación, la pornografía, la mentira, la envidia, la crítica, el alcoholismo… etc. Debemos enfrentar y vencer a estos gigantes, no debemos darle chance, no debemos dejarlos moribundos, sino vencerlos, hasta cortarles la cabeza. Pelea la buena batalla de la fe, hecha mano de la vida eterna. Estas palabras la escribió el apóstol Pablo en su primera carta a Timoteo:

Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos. (1 Timoteo 6:12).

Colosenses 3:5, 8-9 Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.

v8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. 9 No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,

Debemos vencer a estos gigantes, hacer morir lo terrenal en nosotros. Para que David llegara a ser rey, necesitaba vencer a Goliat. Ahora, para vencer a Goliat, primero, peleó contra osos y leones. Quiere decir que comencemos por cosas simples que podemos vencer. Un paso a la vez. ¿Qué te está descarrilando? ¿El móvil? ¿Las redes sociales? ¿Las malas amistades? Cosas simples que puedes destruirlos: ¡Hazlo! Si algo te está llevando al pecado, debes cortarlo.

III. PERDONAR. David perdonó a Saúl.

El punto más importante de la vida de David, y de la nuestra, es: PERDONAR a nuestros hermanos. ¡Ojo! Perdonar a nuestros hermanos. David, en dos oportunidades, perdonó la vida de Saúl. (1 Samuel Cap. 24 y Cap. 26). Saúl no fue como David, sino que quiso matar a David, su hermano, su hijo. Sin causa alguna, quería matar a David, lo persiguió para destruirlo, y en su afán, mató al sacerdote Ahimelec y a toda su familia. (1 Samuel 22:16-23). Saúl perdonó la vida del enemigo Agag rey de los de Amalec; a quienes dijo Dios que los destruya; pero Saúl los perdonó. Sin embargo, quiso matar a David, su hermano.

Jesús es muy claro con nosotros, en cuanto a perdonar, no siete veces, sino hasta setenta veces siete. Si no perdonamos, tampoco nuestro Padre que está en el cielo, perdonará nuestros pecados. De hecho, lo único que Jesús explicó, de la oración del Padre nuestro, es el perdón a nuestros hermanos. “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Y dijo: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial; más, si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. (Mateo 6:12-15).

CONCLUSIÓN

¿Quieres triunfar y llegar al propósito de vida y tu ministerio? Necesitas escuchar a Dios, a sus siervos. Debes vencer a los gigantes de tu vida. Y sobre todo, perdonar a tus hermanos.

 

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